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Adelgazar haciendo el amor.
¡Cómo lo oyes! Olvídate del deporte, resulta que con una buena sesión de sexo se pueden quemar tantas calorías que con una buena carrera. Y es que se ha calculado que hacer el amor tres veces a la semana ayuda a quemar 7500 calorías al año.

Dicen que en una sesión de 20 minutos de cama es fácil perder 400 calorías, pero los números te pueden dar una idea de cómo hacer buen deporte:
Calentamiento:
Hacer manitas quema 4 calorías.
Susurros al oído, 7 calorías.
Caricias y cosquillas combinadas, queman más de 30 calorías.
Besos suaves por todo el cuerpo, 10 calorías.
Hacer strip tease, 60 calorías.
Mimos de la cintura para arriba, 20 calorías.
Mimos de la cintura para abajo, quemamos 45 calorías.
Desvestir a la pareja, 120 calorías

En el clímax:
Cuidado que puede salirte más rentable ponerle teatro, un orgasmo real quema casi 30 calorías mientras uno fingido puede hacerte perder entre 160 y 360 calorías en función del “entusiasmo” que le pongas.
Si él hombre está encima de la chica unas 56 calorías.
Si la mujer está encima unas 75 calorías.
Postura del misionero, 240 calorías
Ducha de a dos hasta 500 calorías.
¿Existe el orgasmo simultáneo?
Por desgracia en esta era que nos ha tocado vivir la principal referencia a todo son los medios de masas y eso incluye el cine que nos vende una concepción del amor muy diferente a la realidad.
Si bien es posible que una pareja practique sexo y conozcan sus cuerpos como para combinar los preámbulos con el acto y sean capaces de llegar al orgasmo con más o menos proximidad temporal lo cierto es que no debe convertirse en una obsesión ni en una meta porque lo normal es que no sea así.
Fisiológicamente el hombre no posee tanto aguante en el arte amatorio como la mujer por lo que el ensayo y error para llegar al mismo “destino” será arduo, complicado e incluso algo frustrante entre las féminas.

¿Nuestro consejo? Juega con tu cuerpo, haz que tu pareja juegue con él y diviértete pero deja de perseguir mitos. Es mucho mejor que pase lo que tenga que pasar…
¿Cómo cultivar mejor los valores familiares en los hijos?
Esta es una época en que las comunicaciones no sólo son más rápidas sino que contienen un material mucho más explícito en todo sentido que en décadas anteriores, los pequeños ya tienen una mejor noción sobre temas tan trascendentales como el sexo a una edad temprana y los tiempos de interacción en la familia se han visto reducidos. Y a pesar de todas estas innovaciones, para las mamás no debe ser nunca un tema menor el desarrollo, unido al amor, de los valores familiares en los hijos. Ya seas madre soltera, sustituta o estés con tu pareja, esto es fundamental.

El cultivo de los valores familiares en los hijos no necesita en realidad de complicadas fórmulas que nos venden en libros de autoayuda, o en las recomendaciones casi idealistas de muchas “expertas” en el tema de la educación del núcleo íntimo. Se trata simplemente de una actitud que muchas veces va unida al sacrificio, en la que la madre logre convertirse en un apoyo responsable desde toda su condición como persona. Por eso, es tan importante la cantidad de tiempo que se debe dedicar a los hijos, como la forma en que se aprovechan estas ocasiones algunas veces, sí, insustituibles.
¿Cómo? Escuchando sus puntos de vista sabiéndose poner en los zapatos de ellos; confrontándolos con cariño cuando existe algún desacuerdo, dejarles claro cuáles son las características que hacen de una persona realmente madura en su actuar y su pensar. Se piensa a veces que una buena madre es aquella que desarrolla la alcahuetería en sus retoños, avalando o callando ante todas las acciones irresponsables de sus hijos con el argumento equivocado de: “es que son mis hijos y no importa lo que ellos hagan”. Si existe amor, este debe tener como base la responsabilidad y la dignidad. Esto es claro.

También es erróneo pensar que los hijos van a criarse satisfactoriamente donde la madre está pero no está, que es un ser como ausente que sólo responde ante las necesidades básicas de sus hijos o, lo que es peor, no responde ni en estas circunstancias ni tampoco en los retos emocionales de cada día. Está bien que los hijos adquieran una independencia a medida que vayan creciendo tanto sus aspiraciones como sus cuerpos, pero ellos deben saber que para cultivar su valores deben contar con una amiga. Es lo que ellos más piden, en vez de sobreprotección o un trato frío y despectivo.
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