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El valor didáctico de los videojuegos
Las madres se preocupan por el uso que los más pequeños dan a las nuevas tecnologías. Es un hecho normal ya que las nuevas generaciones nacen con una tecnología tan apabullante que elimina muchos de los contactos sociales y culturales que tenían antes. El consumo responsable de Internet o los videojuegos es por tanto una de las mayores preocupaciones para algunos padres que se ven ya rebasados por los nuevos medios tecnológicos.
Personality and Social Pschology Bulletin consciente de esa preocupación ha publicado un estudio que ha tenido como objeto de estudio a niños de Japón, Malasia y Estados Unidos y que ha demostrado que los videojuegos pueden tener un efecto muy positivo sobre los pequeños de la casa.

Al contrario de lo que muchos opinan los videojuegos no fomentan la conducta antisocial. Si el juego es el adecuado el niño tras una partida será más comunicativo y colaborador. Este comportamiento se deriva de la acción de “equipo” que ha desarrollado delante de su juego.
Es el primer estudio con resultados tan halagüeños sobre el tema ya que lo normal es que la violencia de los juegos apunte directamente a comportamientos agresivos inspirados en los mismos. ¿Qué se deduce de ello? Que jugar a los juegos ADECUADOS no es malo, siempre con un férreo control horario y con supervisión de contenidos por parte de los padres. Muchas empresas se han dado cuenta y cada vez son más los juegos infantiles que enseñan valores y son didácticos y entretenidos a la vez.
Además las nuevas consolas permiten que los padres se integren en estos juegos y puedan pasar más tiempo con los más pequeños.
VIA: BlogMedicina
Anima a beber a los más pequeños.
Los niños de la casa pueden no ser conscientes de los efectos del calor. Si tu pequeño tiene menos de dos años es normal que no sienta la necesidad de beber o no pida suficiente líquido, por eso es aconsejable que seas tú la que se lo ofrezca. Existen pequeños trucos para que tengas la tranquilidad de que tu hijo está hidratado.
El agua no debe estar muy fría. Lo mismo que a los adultos les encanta tener la sensación de frescor los bebés y niños pequeños tienden a rechazar las bebidas muy frías y beben menos.

Incluye en la dieta alimentos como frutas, verduras y hortalizas que tienen mucho agua en su composición.
Si no beben mucho prueba el agua con sabores y los zumos para que tengan más variedad. El 30% de los niños responden mejor a este tipo de estímulos sensoriales y beben más.
Deja siempre a la vista el biberón o vaso para que pueda cogerlo y beber continuamente. A pesar de no tener la sensación de sed les gusta beber por imitación o incluso por costumbre.
Para refrescar la leche, helados y polos pueden ser una solución por la tarde.
No abuses de los refrescos en los más mayores.
Si la alimentación cambia y tienen diarrea no dudes en recurrir a una bebida isotónica con poco azúcar añadido.
La primera maleta de tu bebe
Este puede ser el primer verano que el nuevo miembro de la familia disfrute y es normal tener muchas dudas sobre qué llevar y qué dejar en casa. Sobre todo las nuevas mamás suelen pecar de llevar demasiados enseres innecesarios para curarse en salud en su primera salida. Te contamos todo lo que debes llevar en la maleta de tu bebe.
Si tienes dudas realiza dos listas: la de la maleta que irá en el maletero y la de la bolsa de mano.

De ese modo la ropa, la los pañales, las botellas, la cuna de viaje, el carrito y demás enseres de la vida cotidiana estarán controlados y no te despistarás sobre lo que ya tienes en el equipaje para el propio viaje.
En la bolsa de mano deberás preocuparte sólo de la higiene del bebé con lo básico para cambiarlo y que se sienta cómodo.
A pesar de que si vas a territorio nacional no es complicado comprar alimentos es aconsejable que al menos lleves un par de biberones, un bote de leche (si la toma) o un par de tarritos de papilla en una bolsa isotérmica para que no se estropee.

Otro detalle que solemos olvidar son los enseres para que duerma: sus muecos o chupetes. Con los cambios es aconsejable que todo lo que le rodee sea conocido.
Todo lo demás siempre se puede solucionar con una compra rápida en el destino.
Campamentos de verano
En verano muchas familias optan por llevar a los niños a campamentos de verano. Lugares de ocio donde los más pequeños aprenden y se divierten mientras los padres trabajan. Muchos tienen dudas sobre si los campamentos son la mejor opción. Te damos las claves para que conozcas si la decisión es acertada.

Los expertos sostienen que a partir de 7 años el niño está preparado para asistir a un campamento pero eso sí, es mejor que se tenga en cuenta cuales son sus gustos. Al ser tan pequeños son más influenciables y aprenden mucho más por eso si les gusta el deporte, la naturaleza, o las cuestiones artísticas es el momento de darles un espaldarazo a sus pasiones. Hasta los 10 años se aconseja que no estén más de 15 días en el campamento y su primer campamento no más de 10 días para que no lo consideren un castigo y disfruten del mismo.
El niño puede considerar el campamento como un castigo, hay que conseguir que lo vea como una actividad divertida y presentarlo como un premio y no como un castigo resaltando lo bien que lo va a pasar.
Las temáticas son muy variadas: deportivos, de idiomas, talleres. Sus precios varían en función de la especialización de las materias así que no pienses que el campamento es muy caro, analiza lo que ofrece antes de decantarte por uno u otro.
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¿En que fijarse para elegir el campamento? Es básico saber que todos los papeles están en regla. Elige el más acorde con la personalidad de tu hijo. Es aconsejable que al menos tenga alguna actividad física, alimentación variada y que fomente valores humanos y contacto con la naturaleza. El último punto son los monitores, asegúrate de que todo el personal sea profesional y preparado.
El primer día de colegio de nuestros hijos
No creemos que ese día llegue tan rápido y ya toca vivirlo con nuestro corazón; para una madre, el primer día de escuela de sus hijos o su hijo es uno de los acontecimientos más importantes que puede tener la dicha de experimentar como progenitora o encargada. Claro, los sentimientos que se encuentran en su interior son muy variados y diversos: alegría porque accederá a las mieles de la educación académica; nostalgia porque en parte ya esa responsabilidad no recaerá en mayor peso por parte de las mamás. Satisfacción porque en la escuela podrá el niño o la niña desarrollar sus aptitudes sociales; un poco de melancolía, tal vez, porque la presencia de los vástagos ya no estará tan presente en el hogar, recordándose sus caídas, juegos, palabras, etc.

Lo importante es que desde el día en que nuestro hijo empieza a descubrir el mundo que lo rodea, cuando ya empieza a adquirir las primeras nociones de que la vida va más allá del espacio de su casa y las relaciones con sus seres queridos o responsables, nosotras sepamos acompañarlo. No dándole sobreprotección, porque pensará que siempre estaremos desconfiando de él, ya sea por temor o inseguridad; ni tampoco sumirnos en la indiferencia helada que muchas creen conveniente para el desarrollo de la independencia de su hijo.
Es lógico que surjan preguntas en el pequeño o la pequeña: contestémoslas con la sinceridad del caso, atendiendo a todas las inquietudes sobre todo en las que pone más énfasis. Por ejemplo, una pregunta muy común por parte de los chiquilines es: “¿Por qué tengo que ir al colegio o la escuela?” Respondámosles que es para que sean más inteligentes y mejores personas; que allá aprenderán muchas cosas curiosas e interesantes junto con otros niños. Que ellas (ustedes, madres) también se sentían un poquito impacientes en su primer día de colegio. Todo eso ayudará a que él o ella asimilen de la mejor manera la entrada a ese nuevo mundo tan lleno de cambios extraños para su entorno. Otra de las particularidades que surgen sobre llevar lo del primer día de colegio o escuela para nuestros hijos, es que ellos tendrán que asumir que la presencia física del padre o la madre no será constante. En este caso, vale la pena hablar primero, si es posible, con el profesor o la profesora, o bien el director o la directora de la institución, para que se constituyan en un baluarte importante para su pequeño de tal manera que se sienta apoyado(a) y seguro(a).
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