Superando a Peter Pan





Sin rastro de duda, adquirir el grado justo de madurez, induce a la persona una mezcla de sensaciones contradictorias. Por una parte, alcanzamos la libertad económica, independencia y buen hacer, -aplicando el criterio que a cada uno le apetezca-. Por otra, comporta una serie de compromisos congénitos ineludibles, a llevar a cabo durante nuestra vida. A menudo, nos tropezamos con momentos infelices provocados por decisiones poco acertadas, tomadas en el pasado. Lejos de acomodarnos a esta nueva situación y hacer frente a los problemas, nos refugiamos en el país de Nunca Jamás. Es usual, caer en el desánimo recordando viejas glorias; batallas libradas que siempre fueron mejores que las actuales.

Sin embargo, parándote unos minutos a observarte atentamente, redescubres que detrás del desorden y el gris, te sigues hallando TÚ, -con ese matiz inconfundible siempre característico-. La misma persona, tal vez con distinto envoltorio e ilusiones confusas, pero al fin y al cabo, en pura esencia. Aunque sea difícil volver a coger las riendas y encarrilar a ese potro desbocado, no es misión imposible.  Con ímpetu y decisión, poco a poco,  el río vuelve a su cauce. La circunstancia no debería sobrepasar a la persona; sino fabricar un nuevo molde adaptado a esas perspectivas y cocinar una receta digna de dos Estrellas Michelin.

Destronar a Peter Pan no es labor sencilla. Dar paso a nuevos países que explorar, es una experiencia gratificante. Conservar ese niño interior, en ciertas ocasiones, un don significativo; pero anclarse en el pasado, es negarse a avanzar hacia otras metas. Nadie habla de perder la identidad, el trasfondo de este escrito, se fija en la creación de nuevas oportunidades. Fija objetivos y lánzate straight away.



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