Los celos del hermano mayor





celos

La llegada de un hermano pequeño a la familia colma de felicidad a los padres y de inseguridad a los hijos mayores.  Por muy cautelosos que seamos los celos son inevitables.  Cuando alguien me dice que su hijo mayor no está celoso del hijo pequeño pienso dos cosas: o el niño no lo está expresando y por lo tanto sufre los celos en silencio, o los padres no lo quieren ver.  Y es que los celos son algo natural.  ¿A quién le gusta que le destronen?  A nadie y menos a los niños, que no son capaces de racionalidar y expresar sus sentimientos.

Pero vamos, que esta nueva situación tampoco puede o debe un trance fatal. De hecho resulta muy curioso y bonito ver cómo en realidad los mayores adoran a sus hermanos pequeños.  Es eso, adoración, un amor muy especial el que sienten por sus hermanitos.  Esto no está reñido con el hecho de disponer de menos atención de los padres, cosa normal ya que ahora éstos tienen que dividir su tiempo entre dos hijos. Dos o más, pero ya no existe esa exclusividad y el cambio cuesta. Es innegable.

Para hacer que el mayor no pierda su posición dentro de la familia conviene mantener ciertas rutinas y momentos con ellos, como se hacía antes de que naciera el nuevo príncipe de la casa. Por ejemplo: si antes le leíamos un cuento antes de dormir, con más motivo habrá que hacerlo ahora.  Otros ejemplos pueden ser: ir a comprar el pan con ellos, hacer alguna tarea de la casa juntos como tender la ropa (el peque te da las pinzas y tú cuelgas la ropa), preparar la pizza del fin de semana, etc. 

Por último, no podemos olvidarnos de que necesitan la seguridad de que les seguimos queriendo como a nadie y de que son muy especiales para nosotros, así que les recordaremos esto tan a menudo como sea necesario, dedicándoles palabras de cariño y atenciones, aunque esto suponga dejar al bebé un ratito solo en su cunita.



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