La labor de las maestras una lucha contra la historia

Las profesoras hacen parte importante de la sociedad de convivencia por lo que su labor resulta de las más abnegadas en la lucha por procurar una organización civil mucho más equilibrada, y a la vez resulta ser uno de los trabajos más desagradecidos en ciertas ocasiones a lo que lo acompaña una deficiente remuneración. Es por ello que en aras de tener una metodología de trabajo que iguale las condiciones de talento y disponibilidad que una maestra tiene para con sus alumnos, es interesante señalar que la labor del profesorado en las mujeres no llegó por imposición sino por casualidad.
En la Edad Media, la mujer sólo tenía la capacidad de enseñar dentro de los claustros religiosos, en donde se pensaba que la cordura, la paciencia, los modales finos y el sacrificio por causas muchas veces injustas, le correspondía a las madres de los conventos o bien a las nodrizas encargadas de proveer de estos ademanes a los niños. Pero con la creciente demanda de personal masculino para las guerras, tribales o internacionales, se hizo evidente que la mujer tendría que asumir un rol académico tarde o temprano, delegándose en ellas la responsabilidad de crear nuevas maneras de poder acercarse a la niñez ávida de conocimiento.
De esta manera, la maestra llegó a ser símbolo no de sabiduría, sino de una especie de “placebo” que para la mentalidad de aquellas épocas era como la usurpación de un derecho que todo hombre tenía a bien ejercer por las causas que tendrían que ver con la masificación de poder a través de la línea varonil. Sin pretender ser un discurso feminista, diremos que la labor de la profesora empezó en los lugares cerrados y casi inaccesibles para el ego masculino, más confrontado hacia el aprendizaje de la fuerza y el mando por cualquier medio.
De ahí en adelante, la profesora empezó a tener voz y voto en algunas importantes decisiones sociales, pero no fue sino hasta que las muy de mayoría abnegadísimas damas de esos días lograron conquistar el derecho al voto, que la labor de las institutrices vino a ser plenamente reconocida… ¡Y eso que hay quienes piensan que esto es un “invento” del siglo XX! Así y todo, el deseo de las masas de fructificar hacia el conocimiento, dio al traste con las barreras sociales y se vino a evidenciar que la mujer, con esa mezcla única de ternura e inteligencia, por sin ganó su merecido espacio en la educación.
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