Fortalecer espiritualmente la relación de pareja





fortalecer relacion pareja

La relación de pareja (en realidad el matrimonio, dice la frase original), es la única odisea que puede permitirse el hombre contemporáneo, escribió alguna vez el argentino Marcelo Birmajer; y sí, las relaciones amorosas son toda una aventura porque, en esencia, involucran ante todo las contrariedades de dos seres humanos. Hombre y mujer, viento y tierra, razón y corazón, son algunas de las relaciones más comunes que suelen emplearse en el lenguaje poético sobre la vida sentimental. Trátese de un noviazgo, unión libre o matrimonio, la relación de pareja debe fortalecerse desde el aspecto central de su existencia, como lo es la noción espiritual.

Porque es aquí donde el cuerpo y las apariencias no tienen una validez real (entendiéndose bien la idea: que el físico no deba ser tomado como una forma de exhibicionismo o poder ramplón), por cuanto, a la larga, la verdadera esencia de las unión amorosa entre hombre y mujer se halla en los intangibles: el compromiso, la responsabilidad, la capacidad de asimilar una vida junto a la otra. Es cierto que hay todo tipo de relaciones amorosas: independientes, cariñosas, secas, físicas, de conveniencia, pero si se quiere avanzar hacia el estado en que el amor sustituya con todo al miedo y el egoísmo dentro de la pareja, la piedra angular de ello se denomina Dios.

Dios, como se le asimile por las enseñanzas o convicciones adquiridas por una y otra persona dentro de la relación. Dios como proveedor, o concepto, o fuerza, o apoyo, o vitalidad, o creación, o santa trinidad, en fin. De acuerdo a las formas en que el caballero y la dama se encuentren unidos a la proyección de Dios, tal vez habrá una mayor disposición a asimilar las partes realmente retadoras de una relación amorosa: cuándo se siente el tedio, la rutina, o el aprender a convivir lejos, o cuando surge alguna discusión o desacuerdo.

Dios en ningún momento debe ser una excusa o causa para achacar los problemas sentimentales; como lo dice una parte de la famosa misiva “Desiderata”: “por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de él”. Dios, al representar comúnmente en las culturas lo sublime, bueno, loable, perdurable, debe ser un estímulo enorme para pasar sobre las tormentas y no desfallecer en la intención de amar desinteresadamente, sobreponiéndonos con su ayuda a los golpes del pasado y liberándonos del miedo a la incertidumbre del futuro.



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