Entrando en los “TAITANTOS”….
No soy “mayor” aunque eso depende de con quien te compares. El otro día en el coche y metida en un absurdo atasco estuve pensando sobre este tema. Con 6,7,8,9 ….años, en el cole con ganas de que llegara el recreo para jugar a los cromos, a la goma, a la comba, a balón prisionero, a patinar a subirme en el columpio y colgarme boca abajo cual mono y enseñar sin ningún reparo el “pompis” con esas braguitas monísimas de perlé… a los 18, 19, 20….saliendo desenfrenadamente con TOOOODOS tus amig@s, las discotecas de mayores (ooooohhhhh!!!!!), volver a las mil, conocer a éste o a aquel, cines, cenas, copas, fiestas… y cuando te sacas el permiso de conducir, que momento. Cuando tienes que elegir la carrera. Cuando vas a la Universidad. Tus primeros viajes sin padres, tus novio-sssssss.
Y de repente, no se porque se me vino una imagen a mi cabeza: yo, en mi edad actual (taitantos), vestida de uniforme y colgada boca abajo del columpio. Evidentemente yo no llevaba braguitas de perlé. Y mi “pompis” ya no era el pompis de antaño. Que horror, que imagen. Además visualizaba el dolor en mis rodillas que soportaban los taitantos kilos de más que tengo encima…y solo de pensar en el resacón de salir de copas ya se me empezaba a revolver la tripa.
Si, yo ya he entrado en los taitantos….y me esta gustando muchísimo.


Lo cierto es que yo casi estoy saliendo de los taitantos y entrando en los taitantosmas, pero tengo que decirte que todavía me veo saliendo del colegio después de jugar a todo lo que podía para llegar a la estupenda edad de los veinti-treinta. Lo importante es el espíritu…….
Querida Mujer Diaria, en primer lugar felicitarte por tu blog, soy una fan total.
Respecto al tema de la edad pues mira no podría estar más de acuerdo contigo.
Tengo un pequeño problema de sobrepeso y el otro día rebuscando en el trastero me encontré con mi viejo hullahop, te acuerdas de esos aros de colores, que volteábamos moviendo la cadera, pues bien mi cadera ya no es lo que era, intenté rememorar mi infancia, ya fue difícil encajar el aro en la cadera, pero lo peor fue cuando intenté voltearlo me dejé arrastrar por la fuerza centrífuga hasta una estantería. Tengo la cadera destrozada y el cuerpo lleno de cardenales y he tirado el hullahop, ese instrumento diabólico, a la basura.
Mi recomendación es que cada uno actúe según su edad y que hay que estar cómodos y satisfechos con lo que tenemos.